Mientras la Dirección General de Costas y por ende el Ministerio de Transición Ecológica mira para otro lado con un proyecto para recuperar el litoral balermero que no tiene fin, hay familias a las que les saltan por los aires la cosecha. Esta familia, que tiene en producción el invernadero, no puede plantar los melones que tenían preparados para sembrar en estos días. Las olas arrancan los muertos de hormigón y alambre, derriban la puerta de entrada al invernadero, y al penetrar en la explotación agraria la alambrada y el plástico quedan a merced de los vientos de poniente que azotan el litoral. Si algo tenemos claro es que ni al señor Hugo Morán, ni a la señora Oñoro les preocupa la situación de esta familia balermera.



